Psicología

Reconciliate contigo ( II )

Si nos damos cuenta el mundo es como un grandioso espejo, en él se puede ver (con matices) un sinfín de rasgos que compone nuestra personalidad. Sólo hay que observar que cada vez se construyen más muros como forma de resolver los problemas y al mismo tiempo se pierde facultades para construir puentes para encuentros satisfactorios.

Las personas individualmente también construimos grandes muros, esta forma de comportarnos con el prójimo es un reflejo de cómo lo hacemos con nostros mismos.


El psicólogo Sergio Huguet cuenta un caso de un paciente, para hablar de esto de levantar muros interiores: «Cuando el paciente acudió a la consulta por primera vez, presentaba un problema de inhibición y timidez muy acentuado y angustiante par él. Me comentó que estaba muy preocupado porque, tras haber iniciado una amistad con una compañera de su curso de inglés, habían quedado para dar una vuelta ese fin de semana. Estaba convencido de que en el momento en que estuvieran a solas y ella comprobara que era tan tímido, no querría volver a salir con él. Repetía una y otra vez que la cita sería un fracaso y le preocupaba tener que verse con ella después en clase.

El paciente estaba apunto de tirar la toalla. Pensó en darle a su compañera alguna disculpa que le ayudara a salir del paso y no asistir a la cita, pero la muchacha le atraía demasiado como para perder es oportunidad. No podía soportar la idea de que la chica lo viera comportarse de forma cohibida y tímida. Quería sentirse y mostrarse seguro ante ella. Necesitaba tener la certeza de que nada de los que él fantaseaba que podría ocurrile ( que lo percibiera nervioso, sin saber qué decir, aburrido y patoso en la relación) iba a sucederle. Pero lo cierto que cuanto más deseaba sentirse resuelto en ese encuentro, más convencido estaba de que no sabría mostrarse seguro.

El paciente había decidido levantar un muro en torno a su timidez y su nerviosismo, no quería, por nada del mundo, que sus sentimientos traspasaran ese muro. Trataba de confinar una parte de sí mismo a un ostracismo psicológico con el fin de que no puedera traicionarle en el momento menos deseado (…).

Al igual que este paciente, todos hemos sentido la tentación de enclaustrar tras un muro psicológico algún aspecto de nuestra personalidad que no considerábamos adecuado. Nos permitimos el lujo de establecer fronteras en nuestro psiquismo (…).

Y no nos damos cuenta de que el único sentimiento indigno que albergamos en nuestro corazón bien pudiera ser el que nos lleva a recharzrnos a nosotros mismo.

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